LIFE AS A SOAP OPERA

Mi vida es una telenovela. Tantas veces me he burlado del drama innecesario y estridente en el cuál suelen caer las telenovelas sin aparente final que mi vida se ha vuelto una de ellas. O más bien que yo dramatizo todo. Me gusta dramatizar. Hace que te ganes el odio o el cariño de la gente. Pero odio actuar. Porque hace que todo sea tan poco natural, que los movimientos sean estudiados, y que sólo se haga para alegrar la vista de terceros. 

Y señores, hay una gran diferencia entre actuar y dramatizar. Una persona cuando dramatiza, solamente exagera la misma situación. Cuando uno actúa, está creando nuevas situaciones, con un diálogo sobresaltado, preponderantemente imitando running-gags que, a mí, si no me pagan, no me gustan.

Pero mi vida nada actuada se vuelve un drama. Tal vez sea yo el que exagere las situaciones, pero nadie mejor que yo sabe que distinguir entre blanco y negro hoy en día es primordial para sobrevivir. No hay un "quizá", un "medio", sólo bueno o malo. 

Caigo en lo mismo.

Solamente me encuentro ante la etapa cumbre de la adolescencia. Es lo más parecido a una película del Nuevo Cine Mexicana. Trillada, leonina, exagerada. Por sobre todo un derroche estúpido a posteriori.

Lo peor es que sigo escribiendo aquí. En un blog.

Maldita adolescencia.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada